¿Los alivios y estrategias de reactivación económica propuestas de verdad alcanzan?
Antes de hablar de reactivación haré una aclaración necesaria.
Para las comunidades del Chocó, Valle del Cauca y Eje Cafetero, hablar de recuperación económica hoy es muy apresurado. Seguimos en plena atención de la emergencia. Por eso mi primera invitación no habla sobre economía en lo absoluto, habla desde lo humano: no nos desanimemos.
La ayuda y solidaridad ha llegado en avalancha la primera semana pero en escenarios como este, pasado el tiempo suele disminuir drásticamente, justo cuando la crisis más se asienta. Los elementos de primera necesidad se agotan con facilidad y, sin actividad económica, familias enteras —padres, madres, adultos mayores, niños— van a seguir necesitándolos. Sigamos donando.
Dicho esto, hablemos de lo evidente y de lo que no es tan evidente.
Lo que se perdió fue MUCHO.
Las pérdidas más importantes: Primero, y por encima de todo, las humanas. La vida siempre será sagrada, y esta experiencia nos obligó a todos a voltear la mirada hacia lo esencial.
Segundo, pero no menos importante: las materiales. Y aquí hay algo importante que recordar. En regiones históricamente olvidadas por el Estado, donde la clase trabajadora es la enorme mayoría de la población, construir una vivienda, un negocio o un patrimonio cuesta tres veces más esfuerzo que en el resto del país. Cuando eso se destruye, se destruyen años —a veces generaciones— de trabajo.
En términos técnicos, estas poblaciones enfrentan hoy dos golpes simultáneos: la destrucción de su formación bruta de capital fijo (vivienda, infraestructura, maquinaria y equipo) y la paralización de su función de producción regional.
Y esa es la diferencia clave con otras crisis. En una crisis financiera cíclica, o incluso en la pandemia, el capital quedaba intacto: el problema era de liquidez o de restricciones sanitarias. Los negocios cerraban, pero seguían existiendo. El terremoto de 2026 destruyó el activo físico que sostiene la economía privada y la provisión de bienes públicos. Dicho en español colombiano: no se paró la máquina, se destruyó la máquina.
Y ojo, que esto no es un problema «de allá»
Aunque parezca sectorizado por zonas de afectación, esto nos importa y nos toca a todos como país. No solo porque la empatía con el dolor del otro nos ha movido como nación hasta niveles de solidaridad que no habíamos visto antes, sino porque hay un efecto macroeconómico directo que explicaré lo más breve posible.
En las zonas afectadas se perdió talento humano invaluable, vías de acceso, infraestructura productiva, comercio y servicios básicos. A eso hay que sumarle la grave afectación de Buenaventura, como la vía principal de acceso del suroccidente al comercio internacional marítimo.
La destrucción de cientos de tramos viales y de los centros de acopio agrícola en los valles interandinos produce lo que en economía se llama un choque de oferta negativo: de un momento a otro hay menos alimentos perecederos, menos materiales de construcción y menos manufacturas disponibles. Menos oferta con una demanda en ascenso por la crisis significa una sola cosa: los precios suben.
¿Cómo llega eso hasta su extracto bancario?
Aquí viene la parte que sí le va a tocar a usted, esté donde esté.
La inflación se mide con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y muestra, en promedio, cuánto suben los precios en un periodo. A mayor inflación, mayor costo de vida. La función principal del Banco de la República es mantener esa inflación en niveles bajos y saludables que garanticen el desarrollo económico de la nación al tiempo que se garantiza una vida sostenible para el ciudadano promedio y su herramienta principal para lograrlo es la tasa de interés de intervención.
Sí, la que influye directamente en el interés que usted y yo miramos en el extracto bancario.
Hoy la tasa de intervención está en 12,0%, y la Junta la sostuvo en ese nivel antes del sismo. Mientras tanto, la inflación anual ya venía subiendo y las expectativas para cerrar 2026 rondan el 6,6%, muy lejos del rango meta del 3,0%, que ahora, según las proyecciones de los expertos no se alcanzaría sino hasta 2028. El sismo presiona ese número todavía más hacia arriba.
Traducción sencilla: cuando la inflación sube, suben las tasas de interés y en consecuencia se encarecen todos los productos crediticios. Los créditos con tasa variable son los primeros en reflejar el alza, y eso significa más desgaste financiero para su bolsillo, aunque su casa no se haya movido un centímetro.
¿Qué alternativas tenemos?
Miremos hacia atrás. Frente a la pandemia, la Superintendencia Financiera estructuró el Programa de Acompañamiento a Deudores (PAD): periodos de gracia masivos, congelamiento de calificaciones de riesgo (los famosos reportes en datacrédito) y redefinición de plazos sin capitalización de intereses. Cobijó a más de 11,7 millones de deudores y funcionó (o al menos eso dice Asobancaria).
Hoy, la misma asociación anunció un plan de alivios por 1,1 billones de pesos, con cobertura potencial para 2,8 millones de usuarios en las zonas impactadas. que incluye:
- Periodos de gracia de hasta 12 meses.
- Tratamientos especiales sobre tasas de interés y plazos de amortización.
- Condonación de intereses en los casos que cada entidad contemple.
- Suspensión de cobros prejurídicos y jurídicos.
- Protección del historial crediticio.
Es una buena noticia y hay que reconocerla. Pero hay que decir la otra parte.
Esto no es una crisis de liquidez, es una crisis de solvencia.
El PAD funcionó porque partía de una premisa: el choque era transitorio y el capital estaba intacto. Las empresas volverían a abrir y a generar flujo de caja.
Hoy la naturaleza del golpe es radicalmente distinta. Los deudores no solo perdieron su flujo de ingresos: perdieron el activo físico que respaldaba sus obligaciones.
Un periodo de gracia de 12 meses no resuelve nada si el comerciante de Pereira perdió su local completo, o si el productor del Valle perdió su infraestructura. Aplazar el pago no repone la riqueza destruida.
Y ni hablar de quien tuvo que desalojar su vivienda con lo que llevaba puesto, dejando todas sus pertenencias adentro. Esa persona hoy sobrevive, con suerte, de un salario que no se haya visto afectado; de ahí tiene que sacar la manutención de toda su familia, recuperar poco a poco lo básico de su hogar, buscar dónde vivir… y encima cargar con las obligaciones crediticias que ya tenía. La respuesta es simple: es insostenible.
Por eso la recuperación económica va a depender mucho más del cobro efectivo de las pólizas de seguros y de los mecanismos legales de liquidación patrimonial —a través de las leyes de insolvencia económica, tanto para personas naturales como para empresas— que del aplazamiento bancario. Estas herramientas legales existen y fueron creadas precisamente para momentos como este.
Lo que SÍ podemos hacer todos
Hay una realidad que toca enfrentar: la vida continúa. Los damnificados tienen que sostenerse y sostener a los suyos. La realidad es tan violenta que hay personas que ni siquiera han podido llorar a sus muertos en paz, porque ya tienen que trabajar y producir para comer. A ellos, mi más sincero abrazo y mi voz de aliento: es tiempo de priorizar lo importante, que es la subsistencia digna propia y de los que amamos. Para las responsabilidades financieras siempre, SIEMPRE, hay herramientas y alternativas.
Y para los que observamos y ayudamos desde la periferia: la mayor muestra de solidaridad, además de la donación inmediata, es la confianza.
Así es. Confianza en el tendero que, con daños estructurales y todo, sigue despachando a domicilio. Confianza en el emprendedor que perdió su casa e incluso familiares, pero tiene la mano puesta en el corazón por su negocio. Confianza en quien trabaja de manera remota a través de un emprendimiento digital, perdió toda su indumentaria de grabación y aun así sostiene sus cursos pregrabados y sigue creando con la cámara del celular.
El consumo también es apoyo, y esa es mi más sincera invitación.
Para todo lo demás:
1. Que algo como lo ocurrido nunca nos haga olvidar que siempre se tiene algo por lo cual agradecer y muchos de nosotros vivimos rodeados de privilegio.
2. Planifiquemos bien el presupuesto, que el coletazo que se nos viene está potente. Y finalmente.
3. Recordemos que, mientras haya vida, en tiempos de incertidumbre financiera, siempre existirá una herramienta y una solución legal que nos cobije.
Hasta la próxima.

Juliana González – @Finanzasenuci
Directora Comercial
Grupo CAS

